Yo veo que hay momentos en la vida en que te das cuenta de cosas que no te das cuenta normalmente. Haces una reflexión y tu mente es invadida de pensamientos que buscan darle lógica a todo este disparate que nos atrevemos a llamar vida. Buscamos conciencia pero encontramos una razón más para olvidarnos.
Lo que acontece en nuestro mundo nos distrae de muchas maneras. Y las maneras a veces son crueles. Ignorantes, actuamos como si pudiésemos manejar todo. Todo parece que está dentro de nuestros planes, pero interviene entonces el caos.
Uno va y viene, habla con quienes quiere, actua a como le conviene y piensa lo que prefiere; pero así es como el caos sucede. Desprevenidos, así es.
Hemos sido bombardeados de pensamientos ajenos a nuestra realidad, pero no ésta, la realidad de todos, sino la realidad de cada uno como persona. Cualquiera quisiera saber las verdades de todo lo que actua en el mundo, pero así también cualquiera no quisiera saberlas. Es todo cuestión del imprevisto, de lo impredecible, del caos en nosotros. Nosotros creemos tenerlo todo, pero la falsa ilusión nos demuestra que aún lo que tenemos, es solo nuestra imaginación.
Nosotros, somos caos. Entes impredecibles, pero que intentamos entendernos, conocernos.
Esa lluvia de ideas que nos ensucia del lodo de la sucia realidad. Nos ensucia los ojos, pero los ojos de nuestros sentimientos, la vista panorámica de nuestra persona hacia con lo interno, el interior de nuestra vida. No es más que un complot de los sentimientos nacidos del todo ''exosocial'', o es decir, de ellos, los demás que no somos nosotros, que se haya afuera de nuestra virtud como individuos con sentimientos.
Queremos limpiar nuestros ojos limpiando la vista de los demás, o queremos ignorar lo que esto representa en nuestro ser. No somos más de lo que nos permitimos ser.
Es maravillo y me hace llorar de alegría como mi personalidad se oculta ante mí, porque es como percatarme que alguien más existe en mi vida.
Si te es un sentimiento incompredido, por favor, no sigas leyendo. ¡Pero acuérdate de esa persona! Esa persona que has olvidado, al que menos has prestado amor, al que nunca saludas, al que siempre ignoras, al que le restas importancias por querer valorar lo demás y los demás, al que crees innecesario, al que en tus momentos de sosiego recuerdas nada más.
Es increíble que mientras estaba escribiendo esto, me di cuenta que lo dejé olvidado en la primera palabra de este texto. ¿Comprendes?
Por culpa de esta inspiración, de este mezclado sentimiento de amor al verbo escribir y a la solidaridad pura, me haya olvidado de él, esa persona que, a pesar de todo, está ahí, para burlarse o alegrarse de mí.
No, deja sentimiento, lo exijo. Quiero traer devuelta a esa persona que he olvidado por prestarle más atención a lo demás.
Lean esto: Así mismo ustedes.
Porque todo ha sido olvidado para tenerlo todo, para ignorar que tenemos todo en nuestra nada, pero que desesperadamente no creemos obtenerlo por recordar que somos nada sin ese todo.
El todo y la nada se vuelve el hecho y la ausencia. La ausencia del todo es nada más la infelicidad de la nada. Nada eres, todo tomas, todo eres, todo tomas, nada tomas, nada eres. Nada eres, todo tomas, todo eres.
Quiero devuelta a eso que he olvidado. Debo alejarme de lo demás por un momento e intentar, si no es muy tarde, de obtener devuelta eso que olvidé a medio camino. ¿Qué me ha pasado? ¿porqué ha sido así?
No sé...
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