viernes, 28 de septiembre de 2012

El Amor es apto solo para niños.

Durante todo este tiempo he estado observando la actitud de los niños y niñas que me rodean. Podría decir que he iniciado una pequeña investigación en busca de ciertos aspectos de los infantes en cuanto a sentimientos que adultos, creemos siquiera manejar. 

Los resultados me cautivaron mucho. Todo lo que he entendido hasta ahora me lleva a concluir que, el sentimiento predominante entre ellos es ese que provoca tantos problemas a jóvenes y adultos.

El amor.

Los niños cuando juegan, juegan, se divierten y pasan el tiempo juntos. Les pido su atención a esto. Se divierten, es decir, se divierten. Ellos no pasan el tiempo juntos, porque ellos no están concientes que hay tiempo para jugar como hay tiempo para laborar. No, ellos simple y llanamente se divierten sin importarles el tiempo que pase.

Juegan. Lo simple de esto es lo complicado del asunto. Ellos juegan y se divierten, ellos viven el momento al instante y rechazan lo demás que sea ajeno a su diversión. Están alegres y no piensan dejarlo ser. Viven la diversión sin temor a nada. Aquí es cuando figura el amor.

El amor a hacer las cosas. Los niños lo saben muy bien. Hacer sin deshacer. El realizar y realzar. Correr y volver.

Los niños y niñas se divierten en un mundo donde el tiempo no existe, porque ellos aman lo que hacen. ¿Ven? El amor rompe el tiempo. Su amor a lo que hacen es tan puro que no están concientes de si mismos a la hora de divertirse, porque ellos aman lo que hacen, no entienden porqué les gusta tanto, pero les gusta tanto que lo aman.

Llegados a este punto, surge un acontecimiento peculiar. Ellos se divierten con otros.

Los niños juegan entre sí. No hay juicio para esto. Ellos no te preguntarán si quieres jugar, te lanzarán el balón directamente. El amor a hacer las cosas juntos implica compartir deseos.

Hemos perdido eso, el amor a compartir nuestros deseos. 

Prosiguiendo con mi explicación, ellos nunca discriminarán con quienes jugar. Atención, que me refiero a niños, no chicos más mayores. No quisiera definir una edad concisa, pero vamos por hay de los siete años.

Ellos aman lo que hacen y comparten sus deseos sin prejuicios. Ellos se aman entre sí mismos, porque todos comparten un mismo deseo: divertirse.

Tras todo esto comienzo a pensar que los niños se enamoran de ellos mismos. Si un niño se cae, otro le ayuda a levantarse y los demás le animan. Es como una familia.

Los niños están enamorados. Ellos rien, lloran, se divierten, gritan, corren, están felices y viven cada emoción como una familia muy unida.

No, necesito más tiempo para pensar, necesito más tiempo para investigar.


No hay comentarios:

¡Leer no hace daño!