viernes, 21 de septiembre de 2012

La Puerta a la Amistad.

Cuán interesante es la vida, que es capaz de asombrarnos por pequeños detalles, detalles que pasamos desapercibidos, que ignoramos creyendo que no tienen valor alguno. Y nos hacen ver que somos idiotas creyendo que sabemos todo.

Ayer en la tarde me disponía a dirigirme a mi institución educativa, o como me gusta llamar, ''cole''. Iba saliendo de mi casa, cuando me di cuenta de que estaba en presencia de un suceso extraordinario, de proporciones abismales y de valores incalculables.

Abrí la puerta.

Y vi ese destello de luz asomarse y decirme ''hola'' como si se tratase de otra persona. Cuanta curiosidad me provocó ese momento que sentí que habia descubierto algo que nadie más ha descubierto. Me sentí obligado a investigarlo con más definición, plantearme un problema al cual deseaba encontrarle la solución.

He aquí el momento cuando descubrí que la ciencia es la mejor herramienta del humano.

''La puerta rechinaba, o hacía ruido al abrirla y cerrarla. ¿Porqué?''

De pronto me percaté que este problema no podría manejarlo de maneras cuantitativas, o de alguna manera que pudiese manejar para su fácil compresión.

Me llevará tiempo. No solo el concepto de este problema tenía su dificultad, sino también su desarrollo. El primer paso que opté por realizar fue simple, por paradójico que sonase.

Abría y cerraba la puerta, la abría y la cerraba, la cerraba y abría, la abría y cerraba. No podía cerrarla si ya estaba cerrada, entonces no podría abrirla si ya estaba abierta.

Un pensamiento vulgar se me ocurrió, pero lo ignoré.

Proseguí a seguir con mi pequeño experimento.

No. Pequeño era lo único que no podría ser. Estaba ante el descubrimiento que cambiaría la vida de muchas personas, era el génesis de una revolución.

Y ya me callo, que me desconcentro.

Abría y cerraba la puerta, y cerraba para abrir la puerta.

El sonido de la puerta se introducía cual inyección en mi conciencia. Era incesivo.

¡Y la puerta me maravillaba! En serio, era una maravilla estar ante ese momento tan glorioso. No sabía qué hacer con tanta curiosidad. Me sentí hipnotizado, no sabía que hacer con tanto sentimiento de descubrimiento.

¡Y se cerraba! La puerta me decía en la cara que hacía algo interesante. Era como ver esos videos en donde se muestra el crecimiento de una flor pero en secuencias aceleradas, viendo como la naturaleza nos demostraba su manera de hacer las cosas.

¡Y se abría! Ese sonido, no sé que era lo que me producía que me sentí hipnotizado. ¿En serio? Creo que algo me quiere decir. Indirectas eran. Lo noté. Que alguien me quite esta ansiedad, quiero saber lo que me decia. Necesito descubrir el significado de este fenómeno que me asombraba.

De pronto me di cuenta que solo era una puerta que le hacía falta aceite.

...No. ¿Acaso estoy devaluando este fenómeno maravilloso? El hecho que sepamos cómo sucede no quita el valor especial de todos aquellos sucesos que acontencen en nuestro alrededor, en nuestro pequeño y a la vez gran universo. Que la ciencia no nos haga olvidar que la vida es bella, interesante, extravagante, extraordinaria, todo menos simple. Todo lo contrario, que la ciencia nos demuestre aquello, ''Es así'' y que ese sentimiento de asombro nos invada y nos acose la curiosidad.

La perspicacia me hizo decidirme en realizar tal experimento. No quiero darme por vencido.

¡Y ahi iba de nuevo! Que alguien me quite esta curiosidad, la sorpresa no dejaba de vacilarme, era como diciéndome ''No me puedes ver''. 

Dejame puerta, permiteme saber qué te sucede. Quiero ser tu amigo, ¿porqué haces ruido? No, que eso ya lo sé. ¿Porqué ese porqué? Exacto, dime la razón de tu ser.

Y seguía con ese ruido. Algo me decía. Puerta, te lo imploro, dime la razón de tu ser.

Ese sonido volvió a hacer eco en mi mente. De inmediato me di cuenta que todo este tiempo había estado ignorando su sentimiento, había ignorado eso que sucede cuando nos damos cuentas que la vida es tan bella como cruel. Me arrepentí, o no sé, me sentí fatal. Quería ser su amigo y no me había dado cuenta que me estaba poniendo a prueba. Solo quería descubrir en mí la confianza.

Había estado todo este tiempo diciéndome lo que le sucedía exponiéndose. Y yo aquí todo ignorante no me di cuenta. Un sentimiento desgarrador me atrapó, sentía que me arrancaban el corazón. Me sentí como un mal amigo, lo peor que me puede suceder era eso, sentirme como un mal amigo. Me centré tanto en mí que olvidé sus deseos. Por un momento, solo por un momento, sentí que había cometido traición, y fue lo suficiente para motivarme a escribir esto como una carta de disculpa, que de seguro nadie leerá, pero que me hará sentir un poco más que bien. 

Y todo por eso, quería descubrir porqué me llamó la atención este suceso, y me centré tanto en saberlo que olvidé un detalle: La Puerta...

Estaba llorando.



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