domingo, 9 de septiembre de 2012

El control remoto.

Ahí iba yo, dispuesto a entretenerme un rato, pero entonces sucedió.

No encontraba el control.

Dilemas se fueron contra mi cordura, que la locura nada más alentaba. El control remoto lo había perdido, no sabía por donde buscar. Me rascaba la frente como una manera de desestresarme y poder concentrarme en recordar en donde había dejado ese dichoso artefacto que por algun tipo de magia no estaba en su lugar. Ese lugar al cual he asignado la tarea de evitar justamente lo que ahora mismo me acontecía, demostrando que había fallado en su propósito.

Pensaba si quizá lo había dejado allá en la cocina, pero luego recapacité y pensé en mi cuarto. Sin embargo, una voz en mi interior me decía algo.

-Detrás de ti.-

No, en el sofá no estaba ni en otro lugar de la sala.

-Buscar no es solo ver los muebles y juzgar a simple vista, sabes.-

Eran hirientes los comentarios de esa voz.

No deberían de juzgarme tan prematuramente, yo no busco con solo ver por sobre la mesa y decir ''no está'' porque no lo veo ahi, es que yo miro detenidamente y calculo los factores. Si el control estuviese ahí, sobre la mesa, varios detalles me lo dirían claramente.

-No mires esa luz que por encima tuyo tienes como guía de tu vida y no vuelvas la mirada para poder apreciar tu poca memoria, ahí es, ahí es. lala.-

Supongo que encender la luz me ayudaría de mucho.

-Pero así eres, un ángel que se deja llevar por los vientos de la vida, y por las ráfagas de este mundo que atormenta los árboles que se siembran en nuestra conciencia.-

Es cierto, no debería buscar en los lugares sin tener un método, sino en aquellos en donde yo he estado.

-No mirarás más allá de lo que te permites ver.-
¿Detrás del televisor?

No creí que fuera posible, pero lo fue posible, como todo lo que se cree imposible. Ahí estaba para motivo de mi risa.

Fingiendo que era un tipo como los demás, recogí el control del suelo de la parte trasera del televisor para irme dando cuenta que no tenía baterías. 

Fingí cordura.

No eran más de las medianoche y ya quería asesinar a alguien. Ayer fueron los libros de estudio, ahora he perdido las baterías.

No, permitan darme un momento y hablemos. ¿Realmente yo tengo la culpa de haber perdido las baterías? Claro que no. Esto es solo una artimaña más de aquello que no me deja cumplir con la ardua tarea de ser feliz: Imprevistos.

¿Y cuál es la razón de mi ser en un mundo donde he perdido el control? ¿Acaso tenía que irme a dormir y creer que mañana todo volvería a la normalidad? ¿Vida, es así cómo me demuestras que hasta en esto tengo problemas?

Fui a la cocina y tomé un vaso de agua. De agua no, con agua. Y se me calló. Se derramó, saben.

Era el preludio de una mala noche. Porque mi noche apenas empezaba.

Decidí interceder en mi diario vivir y me fui a sacar uans baterías que estaban guardadas en la cocina. Fui y vine en consecuencia de mi desesperación y aburrimiento.

Qué va. El control remoto me llevó a ver como dos personas consumian un acto sexual. Los accidentes pasan, como que por casualidad enciendas el televisor y aparece una escena de sexo explícito.

Imprevistos, sucedían de manera paulatina en mi noche.

Y ya que pasé el canal, decidí dormirme en el sofá de la sala.

No sé porqué me compliqué la vida. Tan solo quería dormirme, no sé a qué vine a la sala.

Ah sí, el control remoto de la sala también sirve con mi televisor de mi habitación.

-Para un solo objetivo, hay muchos métodos.-

Lo sé, pero es que no podría permitir que mi aburrimiento me llevara a dormir. Odio aburrirme, y odio que por estar aburrido haga cosas fuera de mi naturaleza.

El control remoto tenía una cara de risa, con esos botones de ON/OFF y 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9 y 0, retroceder y avanzar. Volúmen, y eso.

Estaba desconfigurado, el control remoto no lograba hacer obedecer a mi rebelde televisor.

Ya vida, ya vida, he entendido la metáfora.

El final de mi noche es tan obvio que me da sueño escribirlo. Hey, mira la ironía.

No hay comentarios:

¡Leer no hace daño!