lunes, 8 de octubre de 2012

Cada segundo, minuto y hora de la vida.

Fue desde la primera vez que me colocaron en la sala de aquel hogar. Fue desde ese momento que mis manivelas cobraron vida. Fue desde ese momento que vi el exterior a través de esa ventana. Fue desde ese momento que el tiempo fue uno conmigo. Fue desde ese momento que mis engranes iniciaron su eterna jornada. Fue desde momento que fui testigo de la vida.

Nacía a las 5:32 PM.

Y entonces los vi a ellos dos juntos, hombre y mujer, viéndome feliz, mientras yo estaba arriba de la pared de la sala. Ambos sonrían, esa sonrisa era la bandera que daba inicio a sus aventuras. Una aventura del amor, una aventura de dolor, una travesía entre mi filosofía y sus vidas, una travesía entre el tiempo.

Dos personas. Él sonría y abría sus brazos, ella solo recibia esos brazos cubriendo su cuerpo. En efecto, un abrazo que juraba ir en contra mía, en contra del tiempo. Se abrazaban en frente de mí en una clara alusión a un enfrentamiento, este abrazo juraba perdurar en el tiempo.

Ella iba y venía, era a ella a quien más veía. Cocinaba, me miraba al mediodía. Aseaba el hogar con mucha alegría.

Y en las noches hacía acto de presencia aquel hombre. Muy cansado, lo único que buscaba era amor. Su mujer le daba eso, amor. Fui testigo de muchos abrazos y besos. Se sentaba en la sala, en frente del mueble que de mí se encontraba, hablaban y reían. A veces interrumpía el silencio, pero eran las muestras de cariño que tomaban protagonismo. Juegos, voces, alegrías, felicidad exagerada.

Y caminaban por la casa, muy felices. Los pasos siempre me asustaban, era grande el ajetreo que se hacía los días en que el hombre trabajaba y tenía que llegar temprano a su trabajo. La mujer siempre le servía el desayuno, dos huevos y una tostada, acompañado de jugo de manzana. Rápido, efectivo, y lleno de amor.

Eso fue una vez, a las 5:12 AM.

Los días eran difíciles, pero no imposibles de superar. No lo digo yo, lo dijo la mujer en aquella ocasión en que la crisis atormentaba el hogar del par de amores. En silencio.

El hombre no olvidaba que tenía un anillo en la mano, y eso era motivo de seguir adelante. No olvidaban que había un 22 de octubre que celebrar cada año. Lo sé, así lo dijo ella.

El amor mostraba un espléndor que el tiempo no podría opacar. En ese minuto de la tarde de aquel día me di cuenta de ello, sus lazos eran fuertes como la madera de la mesa en la sala.

Pero no olvidaba que tenía que contar los minutos, aunque ya no los contaba porque era mi labor, los contaba para calcular el tiempo en que se abrazaban. En los momentos más superficiales, los abrazos duraban menos de tres segundos; en los momentos más difíciles esos abrazos duraban más de diez minutos. Era juntos o no, el amor estaba en cada segundo de sus vidas.

Yo lo recuerdo muy bien, el abrazo más largo duró 17 segundos en aquella hora de la noche.

El hombre estaba muy cansado siempre que llegaba del trabajo. La mujer lo recibía inundándolo de besos. Intentaba refrescarle con amor, y un vaso de agua. Él muy complaciente le seguía el juego, y se tomaba el vaso con agua. El hombre comenzó a verse tenso, la labor humana debe de ser difícil. Aunque la verdad es más difícil contar cada segundo en que se está feliz sin olvidar la felicidad. 

Ella estaba tan feliz que engordó. Me imagino que la felicidad es dulce, por eso engorda. Sin embargo, no vi esos mismos cambios en el hombre. Me llegué a cuestionar el amor de él.

Pero llegaron las 3:07 AM de aquella madrugada.

Gritos fueron la alarma de mi sueño. Me asusté, pero no, fue grande la sorpresa que me llevé. La mujer gritaba, necesitaba ir a un hospital. El hombre muy nervioso le pedía que se calmara, pero eran inútiles sus intentos. Sin mediar más, la sacó del hogar. Aún afuera de la sala escuchaba sus gritos, y de reojo veía que el hombre sacaba su auto y metía a su mujer al auto acostada en los asentos traseros. Inmediatamente cerró la puerta principal de la casa y me dejaron ahí solo.

No sé qué ocurrió exactamente, pero luego de ese suceso tan extraño la casa estuvo solitaria durante una semana y algo más, desde el martes hasta el miércoles en la mañana.

Pero inmensa fue mi sorpresa cuando el hombre y la mujer regresaron. Regresaron, pero con alguien más. Era un pequeño ser que llevaba la mujer entre sus brazos, y al cual el hombre mimaba. Era muy inocente, era un niño. Aunque también me percaté que la gordura de la mujer había desaparecido, no sé.

El niño lo vi por primera vez a las 10:01 AM. Lloraba, y fueron durante aproximadamente 17 minutos su llanto.

Los días siguieron luego de eso, la mujer y el hombre ya no estaban solos, había llegado un tercer miembro a la familia. Ella lo alimentaba y el hombre a veces lo animaba.

El niño creció mucho rápidamente, muchos sucesos acontencieron en torno al chico, alegrías, travesuras, llantos, todo.

Con el tiempo llegaron más miembros a la familia. Dos niños y una niña eran quienes ahora acompañaban al par ahora.

Jugaban afuera, podía verlos a través de la ventana, tiraban aviones de papel que volvaban hasta la sala. Sus alegrías eran inmensas

Y crecieron. con el tiempo. Todos ellos crecieron, y se volvieron como el par, los dos niños como el hombre, la niña como la mujer. Era el amor que cosechaba.

Fue a las 09:00 AM que me di cuenta que el amor regenera vidas.

Un día pensé que solo habían quedado el hombre y la mujer solos, pero eran los que antes eran pequeños, que ahora eran dos personas muy adultas. Era la señorita y el señorito. Hablaban sobre mí. Decían que era un reloj muy antiguo, y en verdad lo era. Insinuaba cosas sobre las demás propiedades del hogar. Temí por 11 segundos por mí.

Iban y venían, la familia era toda una familia. A veces sus hijos llegaban y hacían reuniones familiares. '¿Recuerdan esto?' decían entre risas. La mujer que antes cocinaba sola ahora cocinaba con su hija. Los dos chicos ahora hablaban y veían la televisión con su padre. Hubo una vez en que los tres hermanos junto a su padre jugaron a videojuegos mientras su madre y esposo del hombre les servía unos vasos con jugo de manzana. El jugo de manzana al parecer revitaliza a esta familia.

Una noche de un día de Marzo me percaté que la mujer esposa de aquel hombre se sentó en la sala a verme. 'Supongo que ya es tiempo' murmuró en esa ocasión. Segundos después, bajó la mirada y comenzó a llorar.

Un día a las 3:36 PM noté el llanto de la chica ahora mayor. Sentada en el el mueble de la izquierda, sostenía la foto de la mujer dueña del hogar. No entendí lo que pasaba.

En las siguientas semanas la casa estuvo algo solitaria. Solo llegaba el hombre, quien se acercaba a la cocina a fisgonear el frigorífico y tomaba del licor que tenía. Pasaba horas así. Hubo una vez que pasó toda la noche en ese estado.

En una ocasión, ese hombre lloró tanto. Decía cosas sobre su mujer, del porqué se había ido ella antes que él, lo cual no logré comprender. De pronto me percaté de la ausencia de su mujer, no la había visto. Siguió llorando, pero de pronto corrió a las escaleras. Luego de 24 minutos, él bajó con una nota en su mano izquierda y la dejó en la sala de estar. Se fue del hogar después de eso.

No fue hasta el siguiente día a las 1:38 PM de aquella ocasión que ví a la hija que había llegado por sorpresa al hogar. Entró a la sala de estar y vió aquella nota que había dejado su padre. Tardó en leerla dos minutos y medio. Rompió en llanto, asustándome, y corrió alejandose del hogar.

Suspiré un 'Tic toc' sin quererlo.

24 horas con 16 minutos y 15 segundos después apareció aquella chica de nuevo. Me vió, con esos ojos reflejantes, y bajó la mirada. Se acercó a mí y me tomó. El tiempo se detuvo en ese instante.

Cuán triste es que las emociones duren menos de 5 años, pero me alivia saber que el amor es atemporal. No como esta familia. Quizá como mis 27 años, 7 meses, 18 días, 2 horas, 9 minutos y 1 segundo.

Ahora entiendo porque el corazón no hace 'tic toc'...

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