martes, 9 de octubre de 2012

En la luna.

Nunca es tarde para robarse la corona de amor de aquellos preciosos cisnes en medio de aquel lago de sangre, y en negro que a veces se tiñe. Siempre pueden aplaudir los súbditos al son del odio del rey, no puedes mentirme, el payaso ha dicho el chiste sin gracia y ha entrado el mundo en decadencia.

Me gusta gritar cuando puedo ahogarme en mis penas pero la luz en la carretera es tan fuerte que me deja ciego, la luz es mala, muy mala, me deja ciego y no puedo ver nada, ni mis ilusiones. Dime que me equivoco, o te mato a besos.

O siempre puedes optar por la médida drástica mil quinientos cuarenta ocho punto 10, nunca es tarde para la euforia, siempre puedes ver la transparencia de tus compañeros de estudio, nunca es tarde para morir, y es que muy temprano te levantaste hoy y viste el reloj, y si no lo viste el perro con cadenas te morderá y te hará aullir, pero no olvides el aullido, no olvides el sonido de las cadenas, la D está al principio de dedo, no está al final de la ironía, la diosa también se rie, y lo sabes muy bien.

El ruido me atormeta, los ruidos de la ciudad, la urbanización me encanta, pero nunca entenderé el arte urbano. La locura desata melodía incomparable en el mundo que decae, pero los niños me dan sus dulces de naranja, aunque yo también prefiero irme a lo seguro y volar por los altos de la libertad.

La libertad es una letra en medio de amor, el hiato no existe en lo que aún no sucede. La luz la luz la luz, me equivoca. No concuerdo con tu opinión pero come la calabza en halloween.
Dime que miento y te golpeo, pero no me golpees porque yo también tengo un corazón lleno de mecánicas que no comprendo. El reloj es suave, pero no grande.

La euforia me gusta en un mundo donde dominan las estrellas, las galaxias son locuras constantes en un mundo incosistente, el big bang me echó todo abajo.

Viste la última oportunidad de decadencia, nunca es tarde para decir nunca, pero usa sinónimos que el jamás existe, aun incluso en los animales heteretrófos, los organimos pluricelulares también gritan de amargura.

El edificio es algo que construyó él, pero yo no quise quitarle la idea de construir un edificio en medio de  la nada. Vieron eso cuando gritaban, pero voltearon la mirada cuando el examen de educación física venía a punto de matarlos. Matar es bueno cuando no matas a otras personas o seres vivos enchocolatados, nunca es tarde, y lo sabes, pero esto nunca me dejará en paz, viste todo y no quieres nada. La felicidad es algo que termina en dad, en dad de deidad quizá, pero en dad de dad.

No me quites más mi tiempo, ser humano que se rige bajo el mandato del gorila feroz. Nunca me viste y nunca lo recordarás porque adiós, sí, adiós, y adiós a todo porque no quiero lastimarte.

(Escribir lo primero que se te ocurra es extraño, porque cuando te lees te sorprendes de lo que oculta tu mente. La escritura automática me encanta.)

No hay comentarios:

¡Leer no hace daño!