-¡Dame la mano!-
Él intenta tomarle la mano, pero ella sigue ahí descanzando.
-Por favor, dame la mano.-
En medio de las barras de acero, el chico mete su brazo alargandolo para que la chica le alcance. Ella sigue dormida.
-¡Despierta! Yo sé que podremos salir de aquí.- Ella no le hará caso.-Yo solo quiero ser libre, pero vamos, dame la mano, despierta.- Sus intentos son inútiles.
Ambos estaban aprisionados, pero en prisiones diferentes. Uno en frente del otro. La chica estaba en un profundo sueño, pero en cambio el chico estaba muy agitado intentando alcanzar la mano de la otra chica a través de los barrotes. Ambas prisiones estaban en una habitación casi destruida, donde rayos de luz entraba por pequeños orificios del techo, las luces eran las típicas de aquella época de otoño.
-Por favor, despierta, hazme caso, ambos podremos superar esto. Levantate, hazlo por lo nuestro.- le imploraba el deprimente chico a la tierna chica. Era imposible despertarla de su largo sueño.
-Dame la mano...- Decía el chico mientras se arrastraba en los suelos y alargando lo más que podía su brazo para tomarle su mano, lo cual no servía de nada.
La adorable chica solo hablaba entre dormida y despierta, decía algunas pocas palabras pero eran difíciles de entender, por no decir que eran intraducibles. Era más bien que hablaba dormida.
Ambos vestían de forma pobre, solo una manta larga blanca y algo sucia les cubría todo su cuerpo.
-¡Yo sé que quieres salir! -Gritaba el chico un poco desesperado.-Dame la mano...-El chico empezaba a desilucionarse un poco, solo decía algunas palabras en voz suave.
Daba pena.
Pero de pronto la chica muy adorable levantó su mano y se limpió la cara. Se había despertado.
-¡Sí, amor! ¡Despertaste, qué bien!-exclamó con alegría notoria el chico.-Muy bien, ahora dame la mano y resolvamos esto juntos, quiero que seamos libres.-
¿Porqué quiere tomarle la mano? ¿Acaso eso lo liberará a ambos? Me parece que no. Se ve que este chico estaba tan enamorado que no pensaba.
-Señor narrador, ¿qué ha sucedido?-Me preguntaba muy amable la señorita. Ambos están encerrados en prisiones diferentes.
-...¿A quién le hablas...?- Preguntaba el chico muy extrañado.
- (...) Ya veo, así que estoy aquí sin poder salir. ¿Se le ocurre alguna idea que pueda compartirme?- Seguía encantándome con su dulzura la señorita.
Me parece que no lo ha notado, pero la puerta de su prisión tiene el candado suelto. Puede abrirlo solo quitando el mencionado candado fácilmente.
-¡Muchas gracias por su ayuda!- Me agradecía tiernamente.
-¿Porqué hablas sola?-Preguntaba el chico sin darse cuenta de nada.
Y la señorita simplemente retiró el candado de la puerta y salió cual niño entusiasmado sale de su casa a jugar.
-¡Alto! Aquí estoy, amor, ayúdame a abrir la puerta de mi prisión.-Le pedía mientras intentaba tomar su mano, que por poco y la alcanza.-¡Espera!-exclamaba mientras se dirigía a la puerta de su cárcel e intentaba abrirla; pero a diferencia de la prisión de la adorable chica, el del deprimente y tonto chico estaba cerrada con llave.
-¡Hmm! Es un gran día, las luces del otoño están más vivas que nunca.-comentaba bostezando un poco, preparándose para disfrutar del día libre que tenía.
-¡Espera! ¡Aquí estoy yo! ¡Amor, mírame! Aquí estoy, ¿no me ves? ¡Estoy en frente de ti!-Imploraba el pobre chico.
Y la chica hacía su vida. Salió de la habitación dejando atrás una estela de gritos del ignorado chico de la historia.
De inmediato, el tonto chico se acercó a la ventana de su prisión, la cual estaba también con barrotes, para ver a la chica en medio del jardín de flores que atrás de las prisiones se encontraba.
-¿¡Amor, porqué me ignoras!?- Exclamaba el chico angustiado.
-Estoy en un lugar bastante hermoso.-Comentaba la hermosa chica mientras caminaba descalza sobre la hierba verde.-Las flores, el aire, el calor, este lugar es hermoso por donde se le mire.-Sonreía muy alegre la señorita tierna.
-Amor...¿porqué me ignoras?...¿qué te he hecho?-Rogaba el pobre chico. Debería decirle alguien que estorba.-Ayudame salir de aquí...-
-Se siente una tranquilidad tan...-decía mientras respiraba el suave olor de los jardines de otoño.-Es maravilloso este momento.-Caminaba por los alrededores del jardín disfrutando tranquilamente del clima.
-¿Porqué me ignoras?...dime...-Cuestionaba el iluso chico. Estaba tirado en el suelo.
La felicidad de la chica era tanta que desbordaba, ella se acostó en las flores pero luego se levantó para irse deprisa a ver un río que estaba cerca.
-¡El agua de este río es divino!-Exclamaba con grata sorpresa la señorita mientras juntaba sus manos y las introducía al río para tomar un poco de agua y lavarse la cara.
-No me hagas esto...yo también quiero compartir esa felicidad contigo...-Decía con un poco de tristeza el chico ese.-Permiteme vivir esa felicidad contigo, también quiero sentir el frío del otoño contigo...abrazándonos...-
Daba pena, daba pena, el muy pobre y desdichado chico.
-No quiero llorar sin ti...-musitó.
-¡Qué buen clima! Me da tanta energía...-exclamaba la chica muy divertidamente.
Y ella siguió alejándose poco a poco de las prisiones debido al encanto del otoño, mientras dejaba atrás al desafortunado chico, triste y sin sentido de vida, lamentándose la existencia y engañado por su corazón.
A veces es mejor compartir prisiones juntos, al cabo, el amor es una prisión. Pero nos olvidamos de eso cuando estamos compartiendo la prisión con alguien más. Deja de ser cárcel para volverse una casa. El chico no se ha dado cuenta de esto, para desgracia de él y de nadie más.
El amor es una cárcel, provoca tanto miedo pero no puedes salir de esa prisión cuando estás enamorado. Pero este no fue el caso, la señorita supo que hay una vida que está esperando a ser vivida por ella, se dió cuenta que el amor solo no llevará a nada. Los amores solo te aprisionan si cuentas solamente en ellos. Amar es bueno y lindo, pero hay una vida que hace falta vivirla, sin embargo. La señorita se ha dado cuenta de esto.
En fin. El chico morirá de hambre, sino es que muere antes de tristeza.
miércoles, 3 de octubre de 2012
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1 comentario:
Felicidades, hermoso.
Dios y es tan cierto, el chico se encerraba a sí mismo en una prisión. Al principio pensé que sería una historia de amor como cualquier otra. Huirían justos o morirían juntos. Vaya mi sorpresa cuando no fue así.
Despues de todo es una historia realista en la que el amor siempre triunfa, pero no amor de pareja sino el amor por uno mismo.
Me gusta tu blog, espero nuevas entradas
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